Desde hace tiempo no seguimos las aventuras de aquella doncella brujita que decidió buscar ella misma a su príncipe policromático. Por ello nos tocará triple ración.
¿En qué nos habíamos quedado? ¡Ah sí! En que ella se quedó con el hechicero del bosque para disfrutar de la efímera felicidad que puede ofrecer la vida.
Pues bien, un buen día la brujita descansaba junto a un manantial rodeada de los verdes arbustos cuando el hechicero hizo acto de presencia:
-¿Has pensado en los cambios?- le preguntó.
-Todo el tiempo- respondió ella.
-Han… abierto una convocatoria… para un concurso de magia. Los ganadores van a recibir instrucción especial del propio Merlín para sus estudios. Pienso ir.
-Yo también- contestó la doncella cerrando los ojos.
-Va a ser difícil. Inclusive para nosotros. ¿No crees que sería bueno que nos separáramos un tiempo? Tal vez así podríamos acomodarnos y sentirnos a gusto.
El corazón de la doncella sonrió amargamente, así que le había dado tantas vueltas al asunto porque ya no era lo mismo entre los dos.
-¿Eso crees? Piénsalo- le respondió.
El agua seguía corriendo a su lado, el sol jugueteaba entre las hojas. Al final se decidió que irían juntos al pueblo y probarían suerte.
Antes de ello fueron a conocer la zona por la que andarían desarrollándose. La aldea resultó ser un cómodo lugar donde las personas eran amables y siempre tenían prisa, todos estaban expectantes por los concursos, ya que se habían abierto convocatorias en muchas áreas con grandes premios en cada una.
La bruja y el hechicero decidieron rentar cada quién una cabaña para vivir. Se instalaron cómodamente y recorrieron a gusto los lugares aledaños. El día del concurso ambos resultaron seleccionados para la academia.
Aunque ya casi no se veían. La brujita incluso se descubría pensando en la búsqueda que había dejado del príncipe multicolor. Al menos hasta ese momento no había visto a ninguno. Al igual que en los otros pueblos los había de todos colores pero no uno sólo que contuviera todos al mismo tiempo.
-Ni siquiera sé qué aspecto debe tener cuando lo encuentre- pensaba con tristeza la brujita mientras hacía unos pases mágicos para desaparecer antes de que el hechicero llegara al lugar donde se encontraba. Desde hacía unos días se sentía rara, necesitaba que alguien la abrazara muy fuerte, casi casi estrujándole los huesos. Necesitaba que alguien compartiera por un momento su carga de aferrarse a la vida, que ella pudiera soltarse mientras otro la aferraba para que descansara y se sintiera acompañada. Pero nadie le podía ofrecer eso.
La cabeza de la brujita dolía un poco. Llegó a su casa por el método convencional (caminando) para buscar el viejo remedio contra la desilusión. Anduvo por toda su casa revolviendo pociones, pócimas, venenos, curas y poner todo patas arriba… nada… nada de nada.
-Maldito frasco ¿dónde lo puse?- en vez de eso decidió buscar una droguería cercana, así se le quedaría en la memoria por si le hacía falta algún ingrediente en el futuro.
Vagó por un rato hasta que descubrió una justo en la esquina de donde se encontraba su hogar. De toda aquella zona brotaba una poderosa magia escondida, ella lo notó al instante a pesar de las capas que la cubrían. “Es natural” pensó “Es una droguería, debe tener miles de ingredientes que en conjunto crean ese efecto” Pero no, aquella se sentía como una magia más antigua y más fuerte que el resto. Mas la cabeza apuraba por un remedio, así que dejó zanjado el asunto y se dirigió hacia allá.
Al entrar lo primero que vio fue al príncipe que atendía en el mostrador. Un príncipe rojo bastante apuesto y con unos ojos hermosos. Sacudió la cabeza para restarle importancia al tema y se dirigió a buscar su pócima. Con el rato la encontró y miró de reojo hacia la caja mientras se decía para sus adentros: “No está tan mal el príncipe naranjita……………….. ¿NARANJITA?”
Volteó sin mucha discreción. Sí, sin duda el príncipe era naranja. Regresó a los estantes por un ungüento para los ojos. Ya estaba medio daltónica confundiendo colores.
Llegó a la caja para que le hicieran la cuenta de sus productos mientras sacaba el dinero:
-¿Algo más, linda?
Ella lo miró brevemente a los ojos. Indudablemente eran hermosos y muy profundos. Algo en él le resultaba extraño y… familiar. La magia. La magia poderosa que había sentido al entrar al local… parecía provenir de él.
-Nada más, gracias- respondió y salió con sus cosas.
Como último recurso buscó en un reflejo cercano al príncipe que atendía y su mente dio un vuelco cuando su mente decodificó el color del príncipe: amarillo.
-¡¿QUÉ DEMONIOS?!- se preguntó ella interiormente. Salió del local confundidísima.
*-*-*-*
-Entonces el cantante se volteó y comenzó a girar delante de los aldeanos, su música es de lo más loca…- el hechicero estaba hablando acerca de algo importante para él, la brujita lo veía y lo oía, mas su mente se hallaba volando demasiado lejos de todo aquello.
“Rojo… ¡estoy segura de que era rojo! Me he puesto las gotas tres días seguidos y no he notado ningún cambio en como se supone que veía las cosas… luego naranja ¿cómo lo hizo? Y al final… un no confirmado amarillo”.
-¿Me escuchas?- le preguntó él. Ella regresó a la realidad abruptamente.
-No te había visto en días. Algo ha cambiado en ti… en tu esencia- comentó ella.
-No que yo sepa- respondió él molesto.
-Claro que sí, ya no tienes esa aura mágica atrayente- la brujita abrió mucho los ojos al darse cuenta de que estaba expresando sus pensamientos en voz alta y más al darse cuenta de una conclusión obvia.
El hechicero desapareció sin dar otra explicación y la brujita lo siguió a través del portal que había dejado abierto.
-¿Estás…?- comenzó a decir ella- ¿Estás perdiendo tu magia? ¿Verdad?
Por toda respuesta el hechicero volvió a desaparecer y esta vez la brujita decidió ya no seguirlo.
“Tal vez podré encontrar un remedio para el hechicero en la droguería del otro día” pensó en casa pero su conocimiento personal la hizo preguntarse: “¿De verdad quiero ir ahí a buscar un remedio o sólo por ver al príncipe color-distinto?” Antes de darse cuenta ya sus pasos la encaminaban hacia el lugar.
Entró sin verlo. Luchando mentalmente por no voltear a la barra. Caminó entre los estantes sin acordarse qué iba a buscar, terminó tomando unas papas Magiabritas para justificar su ida. El mostrador estaba desierto y ella empezó a sacar dinero para pagar pero de pronto…
-¿Algo más, hermosa?
-No, gra…….- ¿VERDE? ¿ESTABA VERDE? ¿QUÉ HACÍA ESE PRÍNCIPE EN VERDE? ¿NO SE SUPONÍA QUE ERA ROJO, NARANJA O AMARILLO? Cuando todavía estaba en tonalidades afines la brujita tenía esperanza de estar en errores de luces, pero ahora el color no tenía nada que ver con los anteriores-…. cias.
Y esos ojos. Ese cabello. Las manos. La sonrisa pícara, sabedora de su poder. Suspiró sin darse cuenta.
Los labios.
Salió casi volada con sus cosas. Deseosa de ya encontrarse en su casa. Llegó y se encerró con cerrojo en su torre.
-¿Qué me está pasando?- se preguntaba una y otra vez- yo tengo a un hechicero conmigo. Pero… esa magia… ese hechizo que lleva ese príncipe con él. Es como si fuera… no, no podría ser, simplemente no puede ser. Estoy soñando, estoy loca, el ungüento no sirve……. ¡NO!
*-*-*-*
Definitivamente la academia era demoledora, a tal grado que la brujita terminó con la cabeza hecha un nudo. Ese día se vio con el hechicero unas 2 horas. De regreso a casa sus pasos la llevaban directo a la droguería. En vano se resistió, se dio cuenta de que todo su ser deseaba ir hacia allá así que cedió.
Al entrar miró al príncipe y sin sorpresa lo descubrió de un color azul claro, comenzaban a encantarle aquellos colores. En silencio se preguntaba si… tal vez… acaso… ojalá… por favor… la búsqueda… hubiera… ¿dado frutos? Él notó su presencia y salió para recibirla. Así como ella iba de deshecha por el día él la tomó entre sus brazos y la abrazó fuerte… ¿fuerte? ¿cómo había sabido él que lo que ella necesitaba era un abrazo de ese tipo? Además le plantó un beso en la mejilla. Aquellos labios le quitaron todo peso de encima.
El tiempo se hizo polvo, resultó ser el agua más pura en una clepsidra, pasando sin control. La brujita se pasó hablando con el príncipe toda una tarde. Sus problemas habían quedado en el olvido. Su vida había quedado en el olvido. Todo era pasado hasta ese momento. Se sentía plena, feliz, completa, como un rompecabezas que encontrara su pieza faltante. Nada más importaba.
Día tras día ella regresaba y él la recibía con la misma calidez como si no la hubiera visto en miles de años. Otra vez ella desdeñaba su vida pesada y la cambiaba por felicidad y sonrisas. Además de ciertos hermosos cambios, los besos poco a poco iban siendo más cerca de la boca y los colores habían evolucionado, el príncipe ya había pasado por toda la gama de rojos, amarillos, azules, verdes, morados y naranjas, a veces incluso frente a los ojos de la brujita.
Para más coincidencia ella le reveló a él su nombre secreto, aquel por el que nadie más la llamaba, el verdadero, el que no usaba por ser especial. Sorpresa. Grata e increíble sorpresa: Él se llamaba igual sólo que en masculino.
-Tú eres como yo- le dijo un día el príncipe.
-¿Por qué lo dices?- le preguntó ella.
-También tienes todos los colores dentro de ti.
Ella simplemente quiso gritar de euforia.
¡ÉL PODÍA VER QUE ELLA TAMBIÉN ERA MULTICOLOR!
*-*-*
El cumpleaños de la brujita se acercaba. El hechicero se apareció sin previo aviso para anunciar que ese día era oficialmente para pasarla juntos.
También el príncipe se estaba anticipando al evento. Le llamaba cada cinco minutos para felicitarla, le llegaban mensajes por ave cada media hora para recordarle lo especial que era.
El esperado día empezó con las felicitaciones del príncipe y una serenata a capella en su balcón. Ella sonrió para sus adentros, feliz del mundo, de la vida, de todo.
Con el rato llegaron más felicitaciones, regalos y todo. Pero ella no podía dejar de pensar en el príncipe. Más aún, había tomado una decisión respecto al hechicero y sólo estaba buscando el momento preciso para decírselo.
Había decidido dar el todo por el todo con el príncipe. Que si él no la quería… pues ya ni modo. Que si sólo estaba jugando con ella… pues ni qué hacerle. Estaba enamorada. El amor nunca entiende de razones.
El hechicero la dejó plantada con la celebración y ella necesitaba aclarar su mente respecto a todo, así que se dedicó a caminar sin rumbo fijo. El día anterior el príncipe le había robado un beso de la boca. Eso la volvía loca.
El paseo la llevo otra vez hasta la droguería. Allí se detuvo cuando encontró cerrado. Llevaba mal humor. No sabía cómo iba a hacer nada. La puerta le fue abierta por el guardián de la droguería, un viejo hechicero molestón y agradable. Entró para encontrarse con que su príncipe estaba solo y platicaba con una chica. Tomó una empaque pero resultaba que el dragón que llevaba los pedidos estaba en huelga así que no podía cobrarse nada.
-¿Cuánto tardará?- preguntó la brujita.
-Unos 5 minutos- dijo él.
-Es mucho. Adiós- respondió ella. Simplemente no tenía ganas de discutir, era su cumpleaños y no había seguido la línea que ella esperaba.
-¡Pero si acabas de llegar!- gritó él.
Ella dijo adiós por el reflejo.
*-*-*
Sola en su torre, luego de que el portero del edificio le dijera que el hechicero había acudido a buscarla pero había hallado un potente hechizo obstruyéndole la entrada con lo cual se había ido muy enfadado, pensaba la brujita con la música a todo volumen.
De repente una llamada mágica le sorprendió. El número era el del príncipe. No quería contestar. Mentira, sí quería. No. Sí. No. Sí. Al final descolgó.
-Ven, no quiero bailar solo tu vals. Te fuiste muy rápido. Ven. Quiero felicitarte.
Antes de que pudiera terminar las frases la brujita había decidido renunciar a su enojo, a toda su desesperación y acudió a la droguería sin más.
En cuanto entró recibió un beso en plena boca, lo correspondió con toda la mágica ley. Allí se fueron todos sus problemas, allá iba su coraje, incluso en ese beso se pasó la voluntad de la brujita.
Y ahí. Con un pastel improvisado, canciones para bailar y muchas risas… pasó el mejor cumpleaños de toda su vida.
*-*-*
Al día siguiente decidió no dilatar más el asunto y, para no lastimar al hechicero, le dijo que simplemente ya no deseaba continuar y punto. No le contó nada acerca del príncipe policromático con el que se estaba jugando el corazón.
*-*-*
El relato de hoy tiene un final muy feliz. La brujita salió con el príncipe y la magia fluyó en cada punto de sus vidas. El tiempo que estuvieron juntos se pasó volando. Cada vez que se abrazaban el viento los envolvía. La astrología los marcaba como destinados. Tenían muchos gustos afines. Él la divertía mucho. Eran exactamente lo que habían estado buscando el uno en el otro.
Se hicieron novios y son felices luego de aquel largo coqueteo que precedió a la felicidad. La brujita no tiene palabras para describir todo lo que su vida ha cambiado en tan poco tiempo, en cómo el amor todo lo puede, en el destino que une vidas por arte de magia, en que los dragones en realidad sí están por ahí escondidos.
¡Y decían las malas lenguas que los cuentos de hadas y príncipes policromáticos no existían!